Que veinte años no es nada
Noviembre de 1989. Tengo dieciocho años. En el Ateneo Obrero de Gijón asisto a un acto poético. Leen sus versos Jose Luis Piquero y Jaime Priede. Luego, se presentan algunas publicaciones de la época. Pelayo Fueyo habla de Escrito en el agua, Jose Manuel Cuesta Abad de Versus y Jordi Doce de Heracles y nosotros. Me gustan los poemas de Piquero, y al final, me presento y converso con él. Le digo que yo también escribo poemas, y me invita a ir a sus tertulias de Oviedo. Allí, conozco a Pelayo Fueyo, a Javier Almuzara, a Lorenzo Oliván, a Jose Luis García Martín, a Felicísimo Blanco, a Celso Peyrroux, a Víctor Botas, a Rafael García Domínguez, a Cuesta Abad. Como yo he empezado a ir a la universidad, aprovecho los viajes a Oviedo para esas reuniones. Poco después, llegarían Marcos Tramón y Asunción Martín. " Sentir / que es un soplo la vida, / que veinte años no es nada... ".

